Desde las gradas parece más fácil

Publicado: junio 23, 2009 de albsierra en todas

Esa era la impresión con la que un grupo de padres de gimnastas del club comenzábamos ayer nuestra experiencia con el trampolín.

Algunos de nosotros habríamos tenido suficiente con el largo calentamiento que nos dejó exhaustos, pero aguantamos con la esperanza de que en los ejercicios gimnásticos nos iba a ir mucho mejor, total, “pegar saltos en una cama elástica no es tan difícil,  ¿o sí?”.

Unos pinos, ruedas y rondadas con mayor o menor éxito en el tumbling,  envalentonó a estos aprendices de gimnastas, que afrontaron el mortal (con ayuda de trampolín) con plena convicción de  sus posibilidades: una buena carrera, un buen impulso en el trampolín y un agradecimiento final a lo blandito de la colchoneta fue el resultado de este primer intento de mortal, donde lo primero en caer os aseguro que no fueron los pies.

Sin perder la moral, y suponiendo que desde el doble-minitramp, con su mayor altura, obtendríamos mejores resultados, nos pusimos a la cola a esperar nuestro turno. Cuando éste nos llegó, dimos un fuerte impulso para subirnos al aparato y éste lo multiplicó por dos haciendo incontrolable el siguiente bote y poniéndonos en dificultades para no caer de él. Bueno, poco a poco parecía que podíamos mantenernos en la línea del doble-minitramp y conseguir hacer tiempo y carpas. Animados de nuevo, probamos con la voltereta de salida en la que alguna se impulsó de más consiguiendo hacer un mortal que fue fuertemente vitoreado por el resto. Los demás intentábamos coger más impulso cada vez, pero, una vez en el aire, un silencioso ¡ay mi madre! rondaba por las cabezas y la decisión de qué parte del cuerpo recibiría el golpe había que tomarla en breves instantes, siendo siempre la agraciada, la parte más blanda y menos noble de nuestro cuerpo.

Nuestra última prueba era el trampolín (la cama elástica de toda la vida), en la que hubo un éxito dispar: mientras que algunos eran capaces de mantener la vertical e incluso intentar algún ejercicio sencillo, a otros nos costaba evitar que el trampolín no nos repeliera a uno y otro lado, con riesgo de sobrepasar sus límites y caer al vacío.

En fin, si alguna vez dudamos del esfuerzo de nuestros hijos en las clases de gimnasia, esas dudas se han despejado: ¡Soys todo@s un@s fieras! Seguid así 🙂

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